ARTE Y OFICIO DE HACER REVISTAS INDEPENDIENTES. (Dagoberto Valdés)

Publicado: 14 noviembre, 2010 en N.3

ESTE ARTÍCULO no tendría ninguna importancia en una sociedad regularmente libre. O tal vez sí, agregando a la independencia de lo ideológico, la económica. Pero aún no es nuestro caso plenamente.

En Cuba, hacer hoy publicaciones periódicas es un desafío múltiple y tratar de mantenerlas independientes es el ápice del equilibrio y la vigilia. Y que dure más de un año o dos no pertenece a la “naturaleza de las cosas” en lo cubano.

Se trata de la dialéctica entre la libertad de expresión y el muro del totalitarismo. Es el pugilato entre la eticidad y el prosaico decursar de la vida. Es la pugna entre la evasión de la caverna y la disipación de la bruma en el clarear de la tecnología. Es la cuerda locura de la polisemia, que intenta decir entre líneas lo que se explaya en la existencia prohibida. Hacer revistas “no es fácil”, al mejor decir de los cubanos.

Es un arte, sin duda, pero no solo de la redacción y la edición, del emplane y el diseño, eso lo encargamos a un especialista. El arte de hacer revistas es convertir en signos e imágenes, en verbo y poesía, los ripios de la vida cotidiana. Es evadir el panfleto sin bordear la denuncia. Es adelantar el anuncio sin manías proféticas. Hacer revistas es, sobre todo, creación. El arte de la poiesis que transforma en belleza, sin relumbrón, la dureza de la verdad y las esencias de la bondad sin moralinas.

No se trata solo de dar espacio a los escritores y artistas, sino de convertir cada revista en una obra del arte de crear, del virtuosismo del comunicar, del desvelo de la génesis del espíritu.

Hacer publicaciones periódicas es también un oficio. Y como todos significa un aprendizaje. Nadie hace revistas de nacimiento. Todos hemos sido y somos ante todo aprendices. Y es el ejercicio del oficio quien enseña haciendo.

Toda revista es, a ojos vista, la huella de ese aprendizaje. Basta tomar el primer número y comparar con los sucesivos. A no ser que degenere el intento, entonces el oficio irá mostrando la destreza de los redactores y el equilibrio de los editores para lograr que cada número sea coherente y plural. Hay maestros y aprendices, pero si son éticos, cuidarán el gremio, transmitirán los secretos del oficio y colaborarán con otros orfebres. Y se sabe bien quién ha llegado a la maestría y quien se quedó de aprendiz de editor. Las claves están en la apertura a la crítica, la colaboración sin mezquindades y el reconocimiento de los méritos y el perfil de cada revista.

Si el arte es la esencia, el oficio es la factura. Cada entrega debería lograr ese par dialéctico y esa comunión dialógica entre el arte de comunicar y el oficio de hacerlo con claridad, simplicidad y sintonía con los códigos de los destinatarios.

Cada factura periódica habla no tanto de los emisores, sino de aquellos en quienes los editores están pensando. Y de si estos han logrado el oficio de no pensar tanto ni sobre todo en lo que ellos quieren decir, o en la forma en que quieren decirlo o diseñarlo, sino tener razón y corazón puestos en la capacidad de aquellos a los que se desea llegar e insinuar, despertar y convocar, debatir y dialogar. ¿Cómo se puede dialogar si el código y la clave son sólo de los remitentes?

El mayor desafío de la aventura de hacer publicaciones periódicas es preguntarse ante cada número: ¿Qué es lo que está pasando alrededor de los destinatarios? ¿Cómo describirlo descubriendo aristas y qué propuestas, sea en el enfoque, sea en la síntesis, sea en las soluciones, tenemos para ofrecer a los lectores?

Una publicación puede articular arte y oficio pero se quedaría encriptada si no logra llegar a los receptores deseados. Revista hermética es semilla infértil. Ajustar el lenguaje es garantía de la fecundidad y la expansión de una revista que aspira a salir del círculo de iniciados.

Por fin, publicación y trabajo en equipo son los dos ejes de la continuidad, la periodicidad y la profesionalidad del arte de hacer revistas. Una revista unipersonal es como una palma sola: esbelta, vital, frondosa, pero sin ramas ni bosque.

Detrás de cada revista aparece traslúcido e inconfundible, el equipo que la crea. Una revista proclama y reclama el estilo de trabajo de su consejo de redacción y este es el mapa genético de la publicación.

Cuba se debate entre la bruma de la censura y el ADN de la autocensura. Cada revista que sale y se mantiene es un parto de creatividad y audacia.

El tiempo, un número sobre otro, es la única forma de ganar una referencia en la conciencia adormecida de la desinformación. Que identifiquen el nombre, y lo relacionen con la libertad de la luz que cada cual lleva dentro, es ya corona y floración. Que marque un perfil y abra otros surcos editoriales es meta y frutos.

Con toda transparencia y convicción puedo decir que hacer una revista en Cuba es parto doloroso y demorado. Hacer dos es alumbrar jimaguas en casa pobre. Pero el alumbramiento vale la pena cuando la creatura extiende sus brazos y nos devuelve en haces de libertad de expresión las ascuas del despertar de las conciencias de los lectores convertidos en periodistas ciudadanos.

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comentarios
  1. Mariel Mora dice:

    Excelente artículo y felicidades por parir esta obre que es su revista Voces, auguro un éxito seguro, además de considerarlos a uds. cubanos nacidos y crecidos con todas las carencias y censuras posibles la representación más digna de UN SER HUMANO INVALUABLE. Ojalá en mi país se durmiera el temor, y mutara el ADN de la autocensura que ya abunda para convertirse en VALOR, en DIGNIDAD y en RESPETO por NOSOTROS MISMOS! felicidades

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